Posteado por: Redacción | 2, Febrero, 2008

30 de Enero, Día de la Paz

     Para conmemorar el día de la paz, se ha convocado un Concurso Literario en formato libre al que se han presentado muchos textos, sobre todo de alumnado de ESO. El relato ganador se leyó en todas las clases el día 30 de Enero.

FALLO DEL JURADO

     Reunido el Jurado del Concurso de Redacción que conmemora el Día de la Paz y la No Violencia, compuesto por:

Dña. Araceli Lechuga Viedma ( presidenta )
Dña. Victoria Mayoral Martínez ( secretaria )
Dña. María Ángeles Perea Carpio ( vocal )
Dña. María Teresa López Cano ( vocal )

D. Gregorio Torres Quesada ( vocal )

otorgan los siguientes premios:

PRIMER PREMIO: El nacimiento de Paz, de Virginia Milla Sánchez ( 4º ESO B )

SEGUNDO PREMIO: La Paz, de Mireia González Bedmar ( 2º ESO B )

 Tenido en cuenta el gran nivel de las obras presentadas, igualmente  consideran conceder dos premios: 

ACCESIT 1º: a la poesía La Paz, de Andrea Valero Carrasco ( 3º ESO B )

ACCESIT 2º: a La Paz, de Francisco Javier Palomino Puertas ( 4º ESO C )

 Los textos de la obra que ha obtenido el primer premio será leído en las clases. Los textos de las cuatro obras que han obtenido premio serán publicados en la revista Hojas del Valle y en la página web del Centro

En Jaén, a veinticinco de enero de dos mil ocho

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Primer premio del Concurso de Redacción conmemorativo del Día de la Paz y la No Violencia 2008 
EL NACIMIENTO DE “PAZ” 

     En un mundo en el que todo era oscuro, sucio y ruidoso poca gente se salvaba de ser atacada. Cada día niños y madres eran protegidos de aquella bestia que todo lo invadía. Nadie que la ha visto ha escapado de sus garras. Pero dicen que es algo indescriptible, que se alimenta del miedo y del dolor de todo aquel que lo sufre.            

     Se cuenta que una mañana, una de las mejores jamás vistas dentro de aquel lugar, un pequeño rayo de sol entró por la ventana de una chabolita en la que una madre daba a luz a un niño. Dicen que era tan hermosa la carita de aquella criatura que a quien osaba mirarlo era librado de su dolor y de su miedo.            

     Día tras día, grupos de gente se acercaban a la chabola a ver al recién nacido para liberar el dolor de sus almas. Un día, la bestia, harta de no poder herir ni matar a la gente, miró a su alrededor para ver qué ocurría. Sólo veía gente feliz y sana, libre de males: el miedo y la tristeza habían desaparecido de algunas de las personas.  Esto la ponía furiosa, pues llevaba varios días sin poder alimentarse.            

     GUERRA, que era el nombre de la bestia, temía ser derrotada por todos aquellos que ahora eran libres y por aquel niño, cuyo nombre era PAZ.            

     Paz, sin embargo, esperaba el momento de vencer a Guerra. Soñaba con ese día en el que, con algo más de edad, pudiese llevar de una vez por todas la alegría a los habitantes del lugar. Soñaba con poder jugar con sus amigos sin miedo a ver un arma junto a ellos y ser atacados.            

     Una mañana, pocos años después, el chico estudiaba en casa junto a su madre, que le enseñaba cómo resolver un problema matemático. De pronto, un fuerte estruendo asombró a los dos, quienes, sin más, fueron lanzados contra la pared. A continuación, una voz grave gritaba el nombre del joven por todo el lugar. Prometía que, si no salía de donde estuviese, lo buscaría y sería capaz de hacerle sentir miedo, de matarlo con sus propias garras y de, al fin, alimentarse poco a poco con sus despojos.            

     La madre del joven, asustada, prohibió a su hijo la salida de casa. Pero él, sin ningún temor, se negó y salió corriendo al instante de casa en busca de la bestia.            

     Llegó la hora de la verdad. Cara a cara, Paz y Guerra se encontraban en lucha: Guerra, para mantener el miedo en la aldea; Paz, para salvarla. Pero ante el asombroso físico de la bestia, a Paz le recorrió todo su cuerpo un escalofrío, lo que permitió a Guerra sacarle partido.            

     Al ver aquello, el pueblo entendió que en los malos momentos lo peor era sentir miedo. Se abalanzaron contra Guerra en ayuda de Paz. Ésta respondió y se dispuso a destruir a la bestia aprovechando aquel arrebato de valentía de sus amigos.            

     Tras una larga charla con ella, Guerra poco a poco se fue haciendo más y más pequeña hasta llegar a parecer una simple hormiga. Pero no llegó a desaparecer.            

     En aquel momento, el sol iluminó todo el poblado, los pájaros volvieron a cantar y los habitantes del lugar se dispusieron a reconstruir aquel sitio, que parecía haber sido sacado de una película de miedo.            

     En ese preciso instante, sonó el despertador. De fondo, alguien gritaba un nombre, era su nombre. La madre de Carlos lo llamaba. Ya era hora de levantarse y de prepararse para ir a clase. Él, con cara de sueño, preguntó a su madre que qué era lo que había pasado. Ella contestó que únicamente lo había despertado, que seguramente habría sido sólo un sueño.

Virginia Milla Sánchez, 4º ESO B


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